martes, diciembre 02, 2008

Pedagogía del entusiasmo - Parte I


Un poco bastante aturdido ya de leer y extenuarme con los textos de los pedagogos y las pedagogías críticas propuestos por una cátedra de mi profesorado de filosofía, he decidido escribir algunas líneas sobre un tema de mi interés.

Se me ocurrió contrarrestar a la apología del pensamiento crítico de las pedagogías críticas el pensamiento creador de la pedagogía del entusiasmo. Esta última estaría más ocupada en que los alumnos busquen en su interior lo que realmente aman en lugar de que busquen fuera de ellos las fallas de la sociedad.

La pedagogía del entusiasmo entiende al igual que las pedagogías críticas la politicidad de la educación, pero tiende a esforzarse por alcanzar un cierto grado de objetividad, y digo un cierto grado ya que la pasión, las palabras utilizadas y hasta un gesto del docente hacen entrever su subjetividad y sus preferencias. No obstante esto, un educador debería buscar ser lo más objetivo posible al enseñar, dejando de lado aquello que imposibilite una visión más totalizadora, amplia y abierta posible de lo dado.

No se puede educar desde el dogma, encerrado en ciertas tendencias, corrientes y teorías creyendo que estás son las únicas teorías superadoras de época y son las únicamente válidas. Es menester abrir el pensamiento como educador al enseñar, mostrar, informar, dar a conocer teorías que no nos apasionen, teorías con las cuales no simpaticemos y teorías que hasta nos generen desprecio. Tal vez esa teoría que nos genera desprecio genera entusiasmo en algún alumno y ahí habrá funcionado la pedagogía como generadora de entusiasmo, entusiasmo que no hubiera aparecido de haber pasado por alto, suprimido e meramente criticado aquella teoría.

Propongo contraponer las pedagogías críticas con su bagaje ideológico de base marxista y con su figura del intelectual transformador que lucha por un proyecto político de dudosas características por un intelectual generador de entusiasmo, que sea capaz de generar pensamiento crítico, pero que logre fundamentalmente apasionar, entusiasmar, gustar, interesar, promover y movilizar los soportes rígidos y pasivos del alumnado. En un discurso notable de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, este afirmó: “tenéis que encontrar qué es lo que amáis”. Creo que esa es la principal función del docente, ayudar a buscar eso que los alumnos aman, ayudar a encontrarse, a descubrir su vocación, a despertar el interés y a enamorarse de las posibilidades que se encuentran en nuestra vida y que a veces pasan desapercibidas.

Todo lo dicho no creo que sea válido sólo para la formación de materias humanísticas como historia, filosofía, pedagogía etc. sino que representa una opción válida para la enseñanza de técnicas, instrumentos o tecnologías. Un buen educador con simpatía marxista debería ser capaz de ofrecer textos no sólo escritos por Marx sino también por Adam Smith y Friedrich Hayek al igual que un profesor de informática experto en tecnología debería ser capaz de mostrar las alternativas válidas para escribir un documento en una computadora que van desde softwares propietarios como el Word hasta softwares libres como el Writer. A fin de cuentas, seremos más libres cuando comprendamos que abrir el diálogo con el otro nos fortalece y nos ayuda a ser mejores.

Por Nicolás Martínez Sáez
El autor es el dueño del blog