
“La felicidad depende de nosotros”, decía Aristóteles. A mi modo de ver es un error definir a la felicidad como una meta o algo a lo que se debe llegar luego de un gran sacrificio. Creo que es mejor entender a la felicidad como un camino. El profesor de Psicología Positiva de la Universidad de Harvard, Tal Ben Shahar, sostiene que “la felicidad es la experiencia global de placer y significado. Una persona feliz disfruta de emociones positivas y percibe que su vida tiene sentido.” Afirma que la falla está en que “aprendemos a concentrarnos en el siguiente objetivo en lugar de en nuestra experiencia presente y nos pasamos la vida pensando en el futuro. No nos premian por disfrutar del viaje en sí mismo, sino por completar ese viaje. La sociedad recompensa los resultados, no los procesos; la llegada, no el viaje.”
Lo importante es el camino, lo aprendí. Estudié 10 años ingeniería, tal vez pensando constantemente durante aquel tiempo que una vez egresado alcanzaría un futuro próspero y feliz. Cuando estuve ya en los últimos años a punto de recibirme confundí el alivio del que disfrutaba con la felicidad. Sentí el desprendimiento de una carga pesada, pero no llegué a esa anhelada felicidad. Como sostiene Shahar el papel que realmente tienen que cumplir los objetivos es el de liberarnos, para que podamos disfrutar del aquí y ahora.
¿Cómo obtener una felicidad duradera? En la misma línea, el catedrático en neurociencias de la Universidad de Stanford, Mihaly Csikszentmihalyi habla de la felicidad como un estado de flujo, en el que uno se ve inmerso en una experiencia gratificante en sí misma, que nos mantiene absortos, ocupando la atención de la mente y el corazón al 100%. Este estado se da por ejemplo cuando compartimos y disfrutamos algo con alguna persona en donde sentimos que el tiempo se nos pasa volando, cuando estamos tan concentrados escuchando con mucha atención a un profesor que habla de un tema que nos interesa, cuando hablamos con una muchacha que nos cautiva y nos genera gran entusiasmo, cuando estamos saboreando un helado de nuestro gusto preferido, cuando hacemos un trabajo con vocación y nos pasamos de horario etc.
Estos momentos de placer momentáneo (no una euforia sin sentido) y con un significado en nuestra vida futura son los momentos felices, aquellos que nos llevamos, aquellos que deberíamos maximizar para lograr ser más felices y durante más tiempo.
Shahar cuestiona fuertemente la relación entre la riqueza material y la riqueza emocional y nos plantea el siguiente interrogante:
“¿Por qué nos sentimos mucho más cómodos tomando decisiones en base a criterios materiales que en base a criterios emocionales?”
Por Nicolás Martínez Sáez
El autor es el dueño del blog
Lo importante es el camino, lo aprendí. Estudié 10 años ingeniería, tal vez pensando constantemente durante aquel tiempo que una vez egresado alcanzaría un futuro próspero y feliz. Cuando estuve ya en los últimos años a punto de recibirme confundí el alivio del que disfrutaba con la felicidad. Sentí el desprendimiento de una carga pesada, pero no llegué a esa anhelada felicidad. Como sostiene Shahar el papel que realmente tienen que cumplir los objetivos es el de liberarnos, para que podamos disfrutar del aquí y ahora.
¿Cómo obtener una felicidad duradera? En la misma línea, el catedrático en neurociencias de la Universidad de Stanford, Mihaly Csikszentmihalyi habla de la felicidad como un estado de flujo, en el que uno se ve inmerso en una experiencia gratificante en sí misma, que nos mantiene absortos, ocupando la atención de la mente y el corazón al 100%. Este estado se da por ejemplo cuando compartimos y disfrutamos algo con alguna persona en donde sentimos que el tiempo se nos pasa volando, cuando estamos tan concentrados escuchando con mucha atención a un profesor que habla de un tema que nos interesa, cuando hablamos con una muchacha que nos cautiva y nos genera gran entusiasmo, cuando estamos saboreando un helado de nuestro gusto preferido, cuando hacemos un trabajo con vocación y nos pasamos de horario etc.
Estos momentos de placer momentáneo (no una euforia sin sentido) y con un significado en nuestra vida futura son los momentos felices, aquellos que nos llevamos, aquellos que deberíamos maximizar para lograr ser más felices y durante más tiempo.
Shahar cuestiona fuertemente la relación entre la riqueza material y la riqueza emocional y nos plantea el siguiente interrogante:
“¿Por qué nos sentimos mucho más cómodos tomando decisiones en base a criterios materiales que en base a criterios emocionales?”
Por Nicolás Martínez Sáez
El autor es el dueño del blog
3 comentarios:
Solo las personas buenas pueden alcanzar la máxima felicidad.
Si decimos que sólo las personas buenas pueden llegar a la máxima felicidad, se habla de la felicidad como una meta, cuando en realidad vos decís que es un camino. Creo que personas malas pueden tener sus momentitos felices también, como saborear un helado, hablar con la persona que les gusta, etc. Igual no estoy a favor de que personas malas tengan sus momentos felices jeje, pero eso sería como imponer justicia y es otro tema más complicado. Ojalá se pudiera hacer que esos pequeños momentos de felicidad duraran mucho, más que otros momentos no tan buenos. Es difícil valorar más todo el camino que se recorre para llegar a algo, que ese algo.
Hay mucho para decir sobre la felicidad. Estudios muy interesantes demuestran que somos felices cuando algo NUEVO y BUENO ocurre, pero es una felicidad efímera, pues nos acostumbramos rápidamente a lo bueno.
Es decir, que para vivir felices necesitaríamos todo el tiempo estímulos de cosas que nos agradan, cosa imposible.
Lamentablemente, y en cambio, cuando pasa algo MALO que nos produce infelicidad, ésta no cesa hasta que eso malo deja de existir.
En forma matemática, la felicidad es sensible a la derivada de las cosas buenas, mientras que la infelicidad copia la forma de onda de las cosas malas.
Otra causa de infelicidad es la comparación con los demás, situación generalmente conducente a la envidia. Quizá somos felices y dejamos de serlo al compararnos.
Así somos de contradictorios y desagradecidos los humanos.
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