domingo, agosto 16, 2009

Día uno


Alguna vez, a la mayoría de nosotros, se nos cruzó por la cabeza la idea de estudiar una carrera terciaria o universitaria. Hace ya aproximadamente unos 30 años que muchos de nuestros padres no paran de repetir algunos eslóganes como: “inglés e informática son el futuro”, “el que no va a la universidad no conseguirá un trabajo en el futuro”, “el que no tiene un título no es nadie”, “Yo no pude estudiar, pero mis hijos lo harán” etc. No voy a hacer una crítica detenida de estos eslóganes pero entiendo que algunos de ellos pueden, y de hecho han resultado, ser contraproducentes para almas jóvenes sensibilizadas por algunas opiniones torpes y reduccionistas de los adultos. Ejemplos sobran.

Muchos padres obsesionados por un futuro que no es el de ellos terminan obstruyendo la pasión y vocación de sus hijos. Un trabajo sin pasión es un trabajo pasajero, un mero medio para conseguir otro fin, una lenta agonía mientras pasan los días. Por lo tanto, siguiendo las consecuencias de algunos de los anteriores eslóganes tal vez el futuro se presente signado por un excelente pasar económico, pero al mismo tiempo, por una pesadilla tortuosa vivida día a día sin poder disfrutar tan sólo un instante.

Desde mi punto de vista creo que se debe prestar más atención al presente y por eso voy a proponer dos ejercicios que me resultan interesantes para todas aquellas personas que estén evaluando elegir una carrera universitaria o terciaria.

El primer ejercicio es un ejercicio de movimiento imaginario temporal y tendrá que ver con nuestra capacidad de trasladarnos en el tiempo, aunque sea sólo mentalmente, hasta el primer día de ejercicio profesional, el día número uno del trabajo específico dónde nos desempeñaremos una vez terminado los estudios. ¡Sí! antes de empezar a estudiar. Habrá que recopilar información de la profesión tal cual como se ejerce actualmente y luego hacer un esfuerzo de imaginación para instalarnos en esa realidad. ¿No será sino luego de tantos años de estudio cuando recién uno experimenta y siente si lo que estudio y de lo que trabaja realmente es lo que uno ama, a lo que uno quiere volcar toda la pasión y dedicar gran parte de los años de su vida? ¿No sería mejor comenzar a darse cuenta de esto antes de llegar al final de una carrera y al principio de nuestro trabajo profesional?

El segundo ejercicio tiene que ver con la experiencia e intenta complementar el ejercicio anterior para que no quede en una mera especulación abstracta. El ejercicio consiste en incorporar la experiencia hoy, mañana o, a más tardar, el mes próximo. Aquí enumeraré algunos ejemplos: un aspirante a la carrera de psicología bien podría inscribirse como voluntario en un grupo de samaritanos dedicados a escuchar y ayudar a personas en crisis emocionales; un aspirante a la carrera de arquitectura podría empezar a diseñar los planos para construir una casa de madera en el árbol del fondo de su casa para que puedan disfrutar sus pequeños primos; un aspirante a medicina haría bien en saber si tiene vocación ocupando sus tardes pre-universitarias cuidando a alguna persona mayor con problemas motrices o mentales o visitando a internados en los hospitales públicos en situación de abandono; un aspirante a contador público bien podría hacer un seguimiento en una planilla de cálculo o en un cuaderno de los gastos de toda su familia durante todo un año; un aspirante a abogado podría aprender a jugar al ajedrez sabiendo que su oponente manejará distintas piezas (pruebas) de iguales movimientos (leyes) y que vencerá quien mueva más estratégicamente; un aspirante a una carrera informática podría comenzar desarrollando un sistema de gestión para su negocio familiar; una aspirante a maestra jardinera podría hacer un show de títeres para chicos en una plaza pública… y así sucesivamente. Me animaría a arriesgar que cualquier carrera que uno pretenda comenzar tiene un AQUÍ Y AHORA, una actividad que está relacionada al alcance de la mano de cualquier persona con voluntad de hacer y que puede servir como una especie de puntapié inicial para despertar una gran vocación o bien, por el contrario, como un ejercicio realmente provechoso para darse cuenta en poco tiempo que se ha elegido un camino equivocado o poco gratificante. No necesitamos tener título y haber perdido cinco o más años de nuestras vidas para recién ahí darnos cuenta de que lo que estudiamos tanto tiempo con esfuerzos físicos, mentales y monetarios no es lo que nos llena de felicidad. Podemos saberlo hoy mismo, sólo hay que intentarlo, animarse y buscar la oportunidad.

La idea es hacer en el presente, aunque sea en forma fragmentaria e incompleta, eso que queremos hacer en el futuro. ¿Cuáles son las trabas? El título no evita que nosotros podamos realizar alguna tarea ya sea como voluntario o por cuenta propia. No va a ser exactamente lo mismo que se haga una vez que se obtiene el título, pero va a ser una pista muy útil en tiempos de decisión sobre si lo que se hará en el futuro resultará atractivo y reconfortante.

Todos los anteriores ejercicios propuestos deberían evitar ese gran desfasaje producido entre nuestros deseos y nuestro presente, entre nuestros sueños y nuestra realidad. Aliento a todos aquellos que están en momentos decisivos a que hoy mismo intenten llevar a cabo estos dos ejercicios, y de esta manera achicar esa distancia entre nuestra realidad y ese futuro tan deseado. ¡Luego me cuentan!

Por Nicolás Martínez Sáez
El autor es el dueño del blog

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Nico, no esta mal la idea.

Pero respondeme,
¿vos te atenderias con un medico que no tiene titulo?

¿Vos te atenderias con una persona que quiere ser medico, y no empezo el 1er año de la carrera?

El titulo es necesario, la formación es necesaria, y deberia ser mucho más exigente de lo que es hoy. Basta de fomentar la mediocridad, hay que buscar la excelencia, solamente asi se sale adelante.

Saludos

Rosarito dijo...

Buenas, buenas...
Creo que el anónimo no entendió la idea central del artículo. ...
Niquito habla de la vocación de cada uno, es obvio que si todavía no entraste ni a primer año de la facultad, sea la carrera que sea, no podes ejercer pero lo que si podes, es ayudar, participar o lo que sea en alguna de las ramas, aspectos, etc. de esa carrera que es lo que vos querés hacer en el futuro… así, de esta manera, vas probando sino te gusta, como te sentís, si servís para hacer y ser eso el resto de tu vida, etc. Etc.
Estoy totalmente de acuerdo con el autor, si lo hiciéramos todos habría menos frutraciones y abandonos en mitad de los estudios. No?

Anónimo dijo...

Lo que pasa que la mayoria de los que entran a estudiar una carrera no tienen ni idea de lo que estan estudiando, y tampoco se preocupan de lo que van a hacer en un futuro. Muchos a los 18 años estan en otro mundo, por eso despues se dan cuenta que no les gusta.
La culpa? No se, Padres?, educacion?, deseos de progresar y crecer de uno mismo?
Son varias las causas, pero sino hablen con chicos entre 17 y 18 años y los van a querer matar. Lo unico que les preocupa es el fotoblog, el celular y no se que más. ¿Es la edad? Si puede ser, pero de alguna manera se tienen que poner a pensar en su futuro.

Beatriz Basenji dijo...

Güenísimo,shico. Así se habla.Es que urtimamente las vocaciones vienen alterás como los genéricos.Pa eso mi vecino, quempezó albergando sapos,lechuzas,gatos,coatís,armadiyos,etc. y ahora se ha instalao un complejo de Terapias Interactivas. Yeno mañana y tarde.No se bien si los pacientes se van con salud der consultorio, pero que felices, por entero.Magínate, una siesta de gatos en tu ombligo,un sapo en tu tejao,una lechucita picoteándote los pié,vamo, quesestar en la Gloria. Ni más ni menos.