Lo conocí gracias a mi amigo Daniel Azara, un muchacho de ciudad pero de corazón campechano. Él fue quien me prestó un libro del escritor estadounidense Charles Bukowski (1920-1994). Al leer tan sólo unas pocas líneas no pude evitar el impulso de ir a comprar un ejemplar a la primera librería cercana. Andábamos por Lanús Oeste (Provincia de Buenos Aires) donde la vida de los vecinos se mecía entre largos y apesadumbrados viajes en colectivos y una frenética existencia.Llegamos a una librería de Lanús y una chica nos atendió: ella era morocha, muy bonita y muy atenta. Le pregunté si tenía algún libro de Bukowski, ella lo tipió en su computadora, hizo una pausa y comenzó a leer: “Tengo ‘La máquina de follar’, ‘Lo que más me gusta es rascarme los sobacos’, ‘Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones’ y…” entonces sorprendido la detuve, yo no conocía la obra de Bukowski,…ella estaba toda sonrojada y varios clientes empezaron a sonreír a escondidas. La bonita vendedora me dijo: “Me hiciste entrar en calor con estos libros”…su sonrisa fue magnífica y en ese preciso instante fue cuando yo imaginé una vida junto a ella: recolectando caracoles por la playa, regalándole una caja de bon o bon para navidad, desayunando en algún balcón un domingo cualquiera…etc. Y de golpe caí…por un momento sentí el placer de escapar a otro mundo, un mundo menos frío, menos estéril y menos perturbador.
El poeta Charles Bukowski me hubiera dedicado especialmente uno de sus mejores libros: “La senda del perdedor” mientras me sentenciaba con expresiones como las que siguen:
“Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Ni varias personas. En otras palabras, la soledad no es algo que me molesta porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca pensé: ‘Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a garchar, y me va a frotar las bolas, y me voy a sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. Viste cómo piensa la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre ellos. Nunca tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me escondía en bares porque no quería esconderme en fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones, pero nunca me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo encontrar”.
Así fue, así es, poco amor, poca vida, no importa, fue un ratito de sol…y se lo debo a ella.
Por Nicolás Martínez Sáez
El autor es el dueño del blog
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