sábado, octubre 02, 2010

Las fiestas y las presentaciones


Siempre estoy de traste con las presentaciones. En las fiestas laborales (fiestas de fin de año, festejo del día del maestro, festejo del día del profesor etc.) algunos compañeros y compañeras de todos los días suelen hacer preguntas más comprometedoras que otras del estilo “¿te dejo las llaves en la portería?”, “¿te dejo la sala con las máquinas prendidas?” etc. Esta vez el motivo fue el festejo del día del maestro en un salón inmenso del colegio donde sólo conocía a dos profesoras que trabajaban en los mismos días y en horarios que limitaban con el mío.

Una de ellas, muy amable, me dijo de sentarme en su mesa y me hizo una pregunta apuntando directo al corazón: “Y vos Nico ¿tenés novia, estás casado?”. Hablamos un largo rato del amor, la suerte y los encuentros. Ella me comentó que estaba felizmente casada, y en realidad, por cómo lo decía, me parecieron verdaderas sus palabras. Luego de un rato me dijo: “Me pasaste tu inquietud, a ver a quien te puedo presentar…”. Entonces miró al salón, buscó y observó ansiosa. Yo le dije que se lo tomara con tranquilidad, que si bien aunque la historia me diga que nunca me resultó nada de las presentaciones, en realidad no creo en el mecanicismo fuerte del causa-efecto (creo que ante la misma causa siempre es posible que ocurra una excepción aunque la realidad empírica me diga que todos los días el Sol sale por la mañana).

De todas maneras ella insistió con métodos tan ineficaces como “quemados”, me tomó la mano para bailar y me llevó con sus manos hacia las manos de la chica que me quería presentar… casi no tuve tiempo de reaccionar cuando la nueva chica que estaba bailando me tomaba las manos y me decía: “Tengo mal una pierna, así que no me quiero mover mucho.” Yo seguía sin reaccionar y sólo se me ocurrió decirle: “Mirá, me sacaron a bailar pero en realidad quería ir a comer un pedacito de torta, así que perdoname”. Cuando fui a la mesa de tortas ya no quedaba de la torta que me gustaba. Mi compañera bailaba y festejaba, la chica de la mala pierna también. Las saludé de lejos y me fui.

Tal vez no haya recetas para encontrar un amor y en esto se equivocan los que piensan en esas frases como “primero uno tiene que estar bien con uno mismo”, “primero hay que aprender a aceptar, a ceder, a compartir etc. etc.”, porque piensan en disposiciones causales (muy buenas por cierto) que serían, utilizando los términos de Kant, condiciones de posibilidad para encontrar un amor, cuando en realidad creo que el azar, esa fuerza ciega que nos pone frente a una persona cualquiera cuando tenemos cualquier tipo de disposición, es la que nos arroja a la vida sin un sentido a priori, y por lo tanto, nos hace coincidir o no en el encuentro con el otro, tan difícil como ese dicho de la aguja en un pajar.

Me estaba yendo mientras sonaba la canción Noches vacías de la cantante tropical Gilda que decía “¡Cuántas noches vacías, tantas horas perdidas!”.

Por Nicolás Martínez Sáez
El autor es el dueño del blog

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